En esta ocasión hemos decidido hacer un trabajo en conjunto; hoy no habrá entradas separadas, literalmente es una de dos. Estamos a punto de ir a las urnas y ante tanta propaganda en los medios de comunicación, nos preguntamos: ¿Qué hemos visto en este proceso electoral? Nos quedan tres días para el juego final de México; la decisión de votar ha requerido poner a trabajar las neuronas a marchas forzadas. ¿Ha elegido usted, lector? Sin duda, la mercadotecnia ha hecho su parte; los spots de radio y televisión, las entrevistas que han modificado el estatus del voto secreto y pacífico, las múltiples encuestas que guían nuestros pasos día a día, los calendarios del mundial, la torta, el refresco y las camisetas repartidas al por mayor; hemos visto miles de millones de pesos en las campañas, todo para disuadirnos. Así que, para estos momentos, todo aquél que haya resuelto votar tiene a su candidato en mente, ya no hay vuelta atrás, sólo falta la boleta y el plumón en la mano para hacer válido nuestro derecho. Bien sabemos quiénes pelean más esta contienda; en una esquina está AMLO y en la otra Calderón, uno de los dos espera el “knock-out,” ese golpe final que ha de acabar con nuestras incertidumbres. Sin embargo, en este encuentro de lucha libre, no sólo los candidatos se enfrentan cuerpo a cuerpo; nosotros, los que estamos como espectadores alrededor del ring, también queremos entrarle al cuadrilátero para darle un puñetazo al inepto que esté con el contrincante. Las fuerzas están divididas y ahora, más que en ningún otro momento, podemos ver la intolerancia a flor de piel: --¿!Cómo?! ¿Le vas al Peje? ¿Al anticristo resucitado en político que nos va a llevar a todos a pedir dinero por las calles? ¡Ah no! Aquí “todos debemos tener un voto.”-- Se ven patadas voladoras por los aires y una llave le tuerce el cuello al perredista antipatriótico. Sí, el próximo domingo todos los votantes deben tener una decisión, pero qué tal si no fuera el PAN; es más, que tal si tampoco fuera el PRD. ¿Qué tal si un elector decide votar por el PRI? ¿Lo vamos a agarrar a patadas? Y qué nos dicen de Patricia Mercado o el Dr. Simi, si un mortal los ha elegido ya ¿Le vamos a tachar de inútil porque está rompiendo en mil pedazos lo que queda de las elecciones? Teóricamente, la respuesta es no, pero en la práctica hemos podido constatar durante el período de campañas que, si de candidatos se trata, la violencia verbal y física sale a relucir. El voto ya no resulta secreto ni pacífico, y además, se convierte en la excusa perfecta para partirle la maceta al que se sienta al lado y que, da la casualidad, piensa diferente. Así las cosas, el panorama electoral es desolador por el lado de los candidatos, pero también por el lado de los votantes. Bien dicen que "El futuro del país esta en nuestras manos," no en las manos de un presidente ¿Qué va a hacer usted, lector, si su candidato no gana? ¿Llorará sin control y armará una rabieta en el suelo? ¿Correrá a las faldas de su mamá para conseguir lo que quiere? Honestamente, eso nos llevaría a todos al carajo. Todavía hoy es tiempo de ejercitar la tolerancia, ya que sin ella estaremos aún más separados de lo que ya estamos ahora. Si no gana el candidato que hemos elegido, habrá que hacer fuerza civil para que al grupo de poder entrante no se le escurra el tiempo en habladurías, planes sin cumplir y alianzas dudosas. Verdaderamente, ¿Qué desea para su país, lector? El voto ya es lo de menos, lo de más está por verse.
Atte.
UNA DE DOS
29 de junio de 2006
26 de junio de 2006
Y los tacos se nos hicieron choripanes
Cuando un Mexicano viaja a Texas, no espera enfrentarse un país distinto, sino con una extensión del suyo, donde se almacena una mayoría latente y muy sonante de latinos, entre los cuales se considera un número fuerte a los mexicanos. No importa si los "gringos" nos ponen muchas trabas al momento de tener en nuestras manos la preciada visa, o si nos hacen esperar 6 horas en la frontera en una fila interminable para nuevamente cuestionar la entrada al país y pedir un permiso adicional.
Texas siempre nos recibe con los brazos abiertos, y viajar por tierra lo comprueba, todos somos iguales, escuchamos las cumbias más taconeadas, comemos doscientos kilos de tortillas por segundo y vamos a la conquista de USA; al fin y al cabo, ellos nos necesitan. Todo está en español, hay claro, otras razas que han puesto su marca en el territorio, pero los mexicanos caminamos a nuestras anchas.
¿Qué mejor lugar para vivir un mundial? Houston se determinaba para ser el lugar con la afición más mexicana; seguro me encontraría con un grupo de "paisanos" que con devoción y amor entonarían las porras mas sonadas para vivir el partido México- Argentina. Seguro me encontraría a alguno de los 29 millones que habitan en USA.
El punto no parecía ser tan grave, era solo un partido de fútbol, y se acabó. Se resumía a 22 hombres corriendo tras un balón y listo, no implicaba el uso de alguna ciencia sofisticada. Pero este dichoso "punto" se convirtió en algo bastante grave cuando me dispuse a ver el partido entre un matrimonio dividido : Amira, mexicana y Adrián argentino. Pero volvemos al punto, ¿que podría pasar? era solo un partido de fútbol.
Así que ahí me encontraba, viendo el partido y la mayoría mexicana entre la cual esperaba entonar abrazada jubilosa mensajes al árbitro, consejos a lavolpe, y cariños a la selección se esfumó. Amira y yo éramos las únicas mexicanas perdidas entre 4 argentinos, 2 españoles y 1 iraní resentido con el marcador 3-1 que le habíamos dejado a la selección del Medio Oriente. En eso un gol mexicano....y no sabíamos si festejar o, por salud física, gritarle "boludo" al portero. Pero el impuso nos llevó discretamente a lanzar un "¡¡¡¡¡¡sí se puede!!!!!!!!", que al final " no se pudo porque perdimos".
En efecto, eran 22 corriendo tras una pelota, y no comprendía por qué estábamos todos sufriendo y esperando el milagro de que el balón cruzara la portería.
"El trabajo es la muerte y el fútbol es la vida"- Dijo Marino, un solidario español que se unió a la poca porra mexicana. Y expresó estas poéticas palabras mientras tapaba la televisión y Adrián presuroso lo quitaba para seguir los movimientos del equipo blanquiazul.
Así que Houston nos hizo vivir a estas dos autoras del presente y humilde blog, el fútbol intensamente, con un marido argentino, un televisor con 22 jugadores, en medio de choripanes y chimichurri.
Y aquí me encuentro... un poco muriendo en el recuerdo de un grito de GOOOL.
ceci
Texas siempre nos recibe con los brazos abiertos, y viajar por tierra lo comprueba, todos somos iguales, escuchamos las cumbias más taconeadas, comemos doscientos kilos de tortillas por segundo y vamos a la conquista de USA; al fin y al cabo, ellos nos necesitan. Todo está en español, hay claro, otras razas que han puesto su marca en el territorio, pero los mexicanos caminamos a nuestras anchas.
¿Qué mejor lugar para vivir un mundial? Houston se determinaba para ser el lugar con la afición más mexicana; seguro me encontraría con un grupo de "paisanos" que con devoción y amor entonarían las porras mas sonadas para vivir el partido México- Argentina. Seguro me encontraría a alguno de los 29 millones que habitan en USA.
El punto no parecía ser tan grave, era solo un partido de fútbol, y se acabó. Se resumía a 22 hombres corriendo tras un balón y listo, no implicaba el uso de alguna ciencia sofisticada. Pero este dichoso "punto" se convirtió en algo bastante grave cuando me dispuse a ver el partido entre un matrimonio dividido : Amira, mexicana y Adrián argentino. Pero volvemos al punto, ¿que podría pasar? era solo un partido de fútbol.
Así que ahí me encontraba, viendo el partido y la mayoría mexicana entre la cual esperaba entonar abrazada jubilosa mensajes al árbitro, consejos a lavolpe, y cariños a la selección se esfumó. Amira y yo éramos las únicas mexicanas perdidas entre 4 argentinos, 2 españoles y 1 iraní resentido con el marcador 3-1 que le habíamos dejado a la selección del Medio Oriente. En eso un gol mexicano....y no sabíamos si festejar o, por salud física, gritarle "boludo" al portero. Pero el impuso nos llevó discretamente a lanzar un "¡¡¡¡¡¡sí se puede!!!!!!!!", que al final " no se pudo porque perdimos".
En efecto, eran 22 corriendo tras una pelota, y no comprendía por qué estábamos todos sufriendo y esperando el milagro de que el balón cruzara la portería.
"El trabajo es la muerte y el fútbol es la vida"- Dijo Marino, un solidario español que se unió a la poca porra mexicana. Y expresó estas poéticas palabras mientras tapaba la televisión y Adrián presuroso lo quitaba para seguir los movimientos del equipo blanquiazul.
Así que Houston nos hizo vivir a estas dos autoras del presente y humilde blog, el fútbol intensamente, con un marido argentino, un televisor con 22 jugadores, en medio de choripanes y chimichurri.
Y aquí me encuentro... un poco muriendo en el recuerdo de un grito de GOOOL.
ceci
25 de junio de 2006
de fútbol y cosas peores

Cuál es la probabilidad de tener una pareja de Argentina para un mundial de fútbol?
Cuál es la probabilidad de que en ese mundial haya un encuentro entre Argentina y México?
Cuál es la probabilidad de que en ese encuentro se defina el destino de una nación?
Ayer, las pocas probabilidades se conjugaron al 200% y lo que era un simple partido se convirtió en una batalla campal; entre choripanes, churrascos y vino tinto de Mendoza, nuestra "amena reunión" pasó a ser una serie de gritos desgarradores, nervios exaltados y un desconocimiento total entre una pareja argentino-mexicana.
Adrián, mi compañero de viaje, es un argentino apasionado por el fútbol; juega los sábados por la tarde, ve en televisión todos los partidos que el zapping le permite, tiene su camiseta de la selección argentina y también una bandera tamaño gigante con un sol radiante en el centro... en fin, su orgullo nacional no pasa desapercibido. Yo no soy fanática del balompié, pero acepto que los mundiales los disfruto por alguna extraña razón; aún así, no tengo camiseta oficial de la selección mexicana ni un sombrero de Pique para apoyar al equipo. Ya desde ahí empezaron a notarse nuestras diferencias; --No tenés camiseta-- me dijo el orgushoso argentino. --No importa, igual me puedo poner una blusa medio verde, ?no?-- contesté yo humildemente.
--Pero che...
Sí, a más de media hora de comenzar el partido, los colores hicieron la primera distinción. Después nos fuimos a casa de unos amigos, por cierto también argentinos, para ver el partido. Hay que decir que la imagen de la porra mexicana era triste, sólo éramos dos personas: Cecy y yo y ambas estábamos en territorio claramente azul y blanco, incluso un iraní que había sido invitado era hincha de Argentina por obvias razones futbolísticas. Ante tal espectáculo, uno de los dos españoles que estaban ahí decidió apoyar a las dos pobres mexicanas, y así formamos nuestro coro con un dejo de acento español: sí se puede! sí se puede!
Para el encuentro tomamos nuestros lugares y nos preparamos para el show. A los pocos minutos, en cuanto México anotó el primer gol, Adrián se agarró el pelo con las manos y a partir de ese gesto me ignoró olímpicamente durante todo el partido; incluso en el medio tiempo, en el cual, el che seguramente se preguntaba por qué su equipo, EL equipo, no había goleado aún a los sucesores de Speedy González. Durante todo el segundo tiempo, Adrián no comía, no escuchaba, no hablaba, no permitía ningún comentario fuera de lugar... el fútbol se había convertido en cosa de vida o muerte. El resto de los argentinos estaba en furor, pero ellos mismos aceptaban que el único que estaba sufriendo ahí era Adrián, el nibelungo mayor. Adrián sacaba tarjetas rojas a todo aquel que osara hablar de otra cosa que no fuera del partido o que tapara la pantalla del televisor por un momento. Inaudito, Darth Vader estaba ahí, increpando a todo aquel que osara tocar al equipo albiceleste. Desconocí a mi pareja, no podía creerlo, incluso llegué a pensar que si ganaba México me tocaría dormir en la sala esa noche.
Ah! pero cuando Argentina metió el segundo gol, la cara de Adrián se compuso y su boca lanzó el grito de guerra: ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!! Ar-gen-ti-na, Ar-gen-ti na!!!!!!
Después de eso, se acordó de que estaba rodeado de otras personas y que una de ellas (oh! sopresa) era yo, y se lanzó a darme un abrazo. --Ahora sí me abrazas, verdad? Pues nada, te quedas con tus goles y te vas a dormir a la sala esta noche.
Ni hablar, así es el fútbol, mi amor.
A.
13 de junio de 2006
Abuelitos funk
En vista de que mi ocio vacacional ya era demasiado, decidí inscribirme a un par de clases aeróbicas para mover el esqueleto y de paso, tener un poco de condición física. Por lo tanto, me fui al gimnasio más cercano, vi el horario de clases y opté por step con pesas y hip-hop. Mientras la señorita del mostrador me inscribía, noté que pasaba una cantidad considerable de personas mayores; no le di importancia al tema, ya que era temprano en la mañana. Al otro día me presenté a mi primera clase de step; en el salón habían 2 mujeres en sus treintas, otra en sus cuarentas, 4 señoras de más de 65, un señor de al menos 70 y yo, en mis todavía veintes. Al ver tal concurrencia pensé: --!mmm... está clase va a estar facilita! Las abuelitas van a poner esto a gustoooo--. Así que, con mi ego de pavorreal, acomodé mi banquito, fui por mis pesas, puse la botella de agua y la toalla por ahí y comenzó la clase.
-- 1, 2, arriba, abajo... !bien! 1,2, derecha, izquierda... !muevan los pies! El pie dentro del banco, !dentro del banco!.... ahora suban las manos.... !más arriba! !Bien! 1,2,3.... no se les olviden los brazos, aquí no son sólo las piernas!!! 1,2, !no dejen de moverse! !SIGAAAAAN!
Basta y sobra decir que la instructora era una versión de Hitler en mujer. Nos gritaba todo el tiempo y las rutina que nos puso en el banco era más que imposible; pero no, eso no fue lo peor... lo peor fue darme cuenta de que todos los abuelitos seguían perfectamente el ritmo sin inmutarse y yo, a sólo cinco minutos de haber comenzado la clase, ya estaba a punto de pedir el equipo de resucitamiento cardíaco. Terminé la clase únicamente por dignidad, y porque mi pequeño ego interior me lo exigía -para ese momento el pavorreal ya se había escapado y se había ido muy muy lejos de donde yo estaba--. Salí de ahí transpirando hasta el agua que no había bebido, tomando líquidos como si hubiera estado en un desierto por días enteros y casi casi que en silla de ruedas. ?Los abuelitos? Muy fresquitos después de la clase, tomando Evian, y riéndose... muy posiblemente de mí.
Después de una semana de intensa rehabilitación regresé al gimnasio, pero esta vez a la clase de hip-hop y pensando que seguramente ahí no me encontraría con gente mayor. GRAN ERROR, si bien la clase tenía más gente y las edades variaban mucho, había dos abuelitos dignos de describir. La señora de, pongámosle, 70 y el señor de 74; ella con una camiseta negra con la siguiente impresión: "AC/DC Back in black", sus mallones negros y sus tenis Nike negros también, mucho más modernos que los míos. El señor tenía un vestuario normal, con sus shorts y su camiseta blanca y vieja, perooooooooo... con pelo largo y una pequeña arracada plateada en la oreja derecha. Los dos señores eran muy delgados y estaban en las primeras filas de la clase. Además, se sabían toda la coreografía, tenían más hip y mucho más hop que cualquiera de los más jóvenes y nuevamente, salieron de la clase bastante airosos. ?Yo? .... digamos que necesité otra semana de rehabilitación y me tragué mi orgullo con aceite de ricino y limón.
Después de lo que vi, pensé que la imagen que tenía sobre los abuelos no encajaba, para nada, con la de mis compañeros de los aeróbicos. La señora que teje todo el día y el señor que lee el periódico eternamente ya no representan a los abuelos actuales. Cada vez hay menos personas mayores que se quedan en casa; los abuelos de hoy son más activos y tienen más vida que incluso una persona cuarenta y tantos años menor que ellos. Increíble, pero los abuelitos ya son funk; escuchan a los Black Eye Peas y se ponen tenis de color anaranjado eléctrico si se les antoja. Ante tal panorama pienso que llegar a vieja no sería tan malo, sí me gustaría ser una abuelita funk... !pero antes tengo que llegar al nivel físico de los abuelitos de mis clases de aeróbicos!
A.
-- 1, 2, arriba, abajo... !bien! 1,2, derecha, izquierda... !muevan los pies! El pie dentro del banco, !dentro del banco!.... ahora suban las manos.... !más arriba! !Bien! 1,2,3.... no se les olviden los brazos, aquí no son sólo las piernas!!! 1,2, !no dejen de moverse! !SIGAAAAAN!
Basta y sobra decir que la instructora era una versión de Hitler en mujer. Nos gritaba todo el tiempo y las rutina que nos puso en el banco era más que imposible; pero no, eso no fue lo peor... lo peor fue darme cuenta de que todos los abuelitos seguían perfectamente el ritmo sin inmutarse y yo, a sólo cinco minutos de haber comenzado la clase, ya estaba a punto de pedir el equipo de resucitamiento cardíaco. Terminé la clase únicamente por dignidad, y porque mi pequeño ego interior me lo exigía -para ese momento el pavorreal ya se había escapado y se había ido muy muy lejos de donde yo estaba--. Salí de ahí transpirando hasta el agua que no había bebido, tomando líquidos como si hubiera estado en un desierto por días enteros y casi casi que en silla de ruedas. ?Los abuelitos? Muy fresquitos después de la clase, tomando Evian, y riéndose... muy posiblemente de mí.
Después de una semana de intensa rehabilitación regresé al gimnasio, pero esta vez a la clase de hip-hop y pensando que seguramente ahí no me encontraría con gente mayor. GRAN ERROR, si bien la clase tenía más gente y las edades variaban mucho, había dos abuelitos dignos de describir. La señora de, pongámosle, 70 y el señor de 74; ella con una camiseta negra con la siguiente impresión: "AC/DC Back in black", sus mallones negros y sus tenis Nike negros también, mucho más modernos que los míos. El señor tenía un vestuario normal, con sus shorts y su camiseta blanca y vieja, perooooooooo... con pelo largo y una pequeña arracada plateada en la oreja derecha. Los dos señores eran muy delgados y estaban en las primeras filas de la clase. Además, se sabían toda la coreografía, tenían más hip y mucho más hop que cualquiera de los más jóvenes y nuevamente, salieron de la clase bastante airosos. ?Yo? .... digamos que necesité otra semana de rehabilitación y me tragué mi orgullo con aceite de ricino y limón.
Después de lo que vi, pensé que la imagen que tenía sobre los abuelos no encajaba, para nada, con la de mis compañeros de los aeróbicos. La señora que teje todo el día y el señor que lee el periódico eternamente ya no representan a los abuelos actuales. Cada vez hay menos personas mayores que se quedan en casa; los abuelos de hoy son más activos y tienen más vida que incluso una persona cuarenta y tantos años menor que ellos. Increíble, pero los abuelitos ya son funk; escuchan a los Black Eye Peas y se ponen tenis de color anaranjado eléctrico si se les antoja. Ante tal panorama pienso que llegar a vieja no sería tan malo, sí me gustaría ser una abuelita funk... !pero antes tengo que llegar al nivel físico de los abuelitos de mis clases de aeróbicos!
A.
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